primera

Me gusta coleccionar puesta de sol. Siempre que puedo, recorro la costa de Ibiza en busca de nuevos crespúsculos que se sumen a las postales encendidas que conservo en la memoria. Algunas realmente impactantes las he vivido solo, en lugares recónditos, donde, por la orientación geográfica, ni tan siquiera he podido divisar cómo el astro rey era engullido por las aguas. Aún así, el juego de reflejos, luces y sombras, en ocasiones resulta todavía más apoteósico. El pasado junio, en Es Portitxol, tras una larga caminata poco aconsejable con estos calores, contemplé cómo los últimos rayos se colaban en la cala y encendían las paredes verticales de los acantilados del Cap Rubió. De entre todos esos atardeceres, ahí van diez que considero infalibles.

1. Platges de Comte: La presencia de S’Illa des Bosc, S’Espartar y Ses Bledes hacen que el ocaso navegue entre islotes. El paisaje es sublime y puede disfrutarse desde cualquier playa, ya sea junto a la multitud que se concentra alrededor del chiringuito Sunset Ashram, o más tranquilamente, en los acantilados del embarcadero.

 

2. Los estanques de Ses Salines: Perderse entre los estanques y dejar que la luz crepuscular invada la sucesión de lagunas, al tiempo que enciende el cielo en tonos violetas, ananjados y en ocasiones de puro fuego. Casi resulta apocalíptico.

 

 

3. Benirrás: ¿Qué ocurre en Benirràs que hace que grupos de percusionistas sigan yendo, día tras día, a despedir el astro rey al ritmo de los tambores? Tal vez la magia de ver cómo se oculta junto al Cap Bernat, en una costa norte donde contemplar la magia del crepúsculo desde la orilla de una playa resulta prácticamente un milagro.

 

4. Torre des Savinar:  Pocos enclaves resultan tan magnéticos como la Torre des Savinar, cuando el sol desciende más allá de Es Vedrà. La visita requiere una caminata, pero el lugar es único. Los menos andarines pueden conformarse con llegar a la Era des Mataret, al pie de la torre, y disfrutar de casi el mismo espectáculo, aunque sólo “casi”.

 

5. Na Xemena: Estos acantilados, a continuación del Port de Sant Miquel, representan un mirador excepcional de la puesta de sol. Y ya si ésta se disfruta desde la terraza del hotel Hacienda, con un cóctel en la mano, uno siente que la vida puede ser maravillosa. No hace falta estar alojado; basta con ser cliente del atardecer.

 

6.- Porroig: Esta cala de pescadores, rodeada de acantilados, ofrece también una magnífica panorámica del ocaso, especialmente en los días del otoño, cuando el sol se esconde bajo las aguas en mitad de la bahía. El resto del año, hay que caminar por los acantilados hasta hallar la mejor perspectiva.

 

 

7.- Ses Variades: el crepúsculo junto al islote de Sa Conillera, desde la bahía de Sant Antoni, con música chill out de los dj’s del momento, un cóctel frío en la mano y miles de almas aplaudiendo la extinción del último rayo. Como una religión antigua, cuando los pueblos adoraban a los misteriosos dioses de la naturaleza.

 

 

8.- Cala Tarida: Los acantilados bajos del lado sur de Cala Tarida, camino del pequeño rincón de Es Calonet, ofrecen una postal del crepúsculo acompañando al islote de S’Espartar. Una de las postales insólitas de Ibiza, especialmente en verano, cuando el sol se oculta frente a la pequeña Es Calonet, con casetas varadero flanqueando el paisaje.

 

9.- Cala Vedella: En lo alto de los acantilados que preceden la bajada a la bahía se divisa una perspectiva muy amplia de los islotes de poniente y la puesta de sol. Basta con estacionar el coche junto a la carretera, caminar entre arbustos y sabinas y alcanzar la costa desde lo alto.

 

 

10.- Cala Carbó: Quizás la que se vive más a flor de piel. De ella no conservo fotografías, porque aquí hay que meterse en el agua y nadar hasta la salida de la cala, justo en el instante en que el sol desaparece, y regresar braceando sin prisa en la semioscuridad, con el corazón caldeado por la escena contemplada.